Decir que Spinetta murió resulta extraño, porque en parte no es
cierto. Escucho ahora mismo cualquier disco suyo y ahí está, igual que siempre.
Tardé bastante
tiempo en conocerlo, o mejor dicho en quererlo, pero una vez que llegó a mí ya
nada fue igual en mi relación con la música. Pude ver la capacidad de transitar
por complicadas armonías a base de una melodía sustanciosa, con poder de alma
apasionada, que sabía perfectamente por donde ir y como hacerlo. La poesía
salía sola de aquel hombre, brotaba como la luz de una estrella. A pesar de
haber demorado tanto en admirarlo, ahora disfruto cada disco que descubro con
el placer infinito de saber que me quedan muchos, muchísimos más por conocer.
Busco conectar con
su alma a través de las canciones que soy capaz de tocar con la guitarra y
siento que la encuentro, así como los más grandes de la historia de la música,
Spinetta dejó plasmada en cada una de sus canciones gran parte de su espíritu y
tocarlas nos acerca a él de una forma abrumadora. Si, sí, como los grandes.
Con tan solo 15
años escribía un himno al amor por la música que se llama Barro Tal Vez, en un
momento dice "Mi cerebro escupe ya el final del historial" ¿Estaba
siendo ya consciente de que sus palabras hablaban con una madurez que vendría
con el tiempo pero que nacería de ese amor a la música que ya era parte de su
propio ser a pesar de su corta edad?
Su poesía me embriaga una y otra vez.
Su poesía me embriaga una y otra vez.
Ahora mismo estoy
escuchando Kamikaze y desde el primer pulso de la primera canción del disco
hasta el último no puedo alejarme de su universo, ni quiero, sintiendo una vez
más que el arte que se escribe con el corazón alcanza la perfección cósmica de
la naturaleza. Y son muchos más los discos que me quedan aún por oír...
Gracias Luís por
dejarnos tanto de tu alma de diamante en cada uno de nuestros corazones.