Ahora mismo no veo adultos, veo siempre niños, todos sin excepción. Cada uno fue un niño y con su historia hizo su mundo, así creció, así crecimos.
El problema está en esos momentos en que no supimos llevar bien algún problema, ya sea por falta de ayuda, orientación o capacidad, pero el caso es que no pudimos tramitarlo bien y ahí queda dentro nuestro por mucho tiempo, a veces por siempre. ¿Cuántas veces hemos estado hablando con gente que conocemos muy bien, y la escuchamos hablar de sí mismos como si fueran algo que no son realmente? Pues ahí está hablando el niño y no el adulto ¿Y acaso no hemos visto alguna vez a alguien que nos dice cosas de sí mismo que sabemos que son falsas, y esa persona sabe que lo sabemos, pero aún así continúa hablando sin parar y sin escuchar? Otra vez ahí está hablando el niño, y podríamos escribir más y más ejemplos de lo mismo, de situaciones en las que las palabras van al son de determinadas emociones que bullen dentro de esa persona y no se sabe por qué.
El niño que queda marcado puede tener muchas historias diferentes o solo una, pero generalmente no está acompañado de una familia que lo ayude a entender y superar lo que pasa sino que muchas veces se le niega la contención verbal y así se le obliga a no profundizar en lo que siente y tratar de olvidar y negarlo. Ahí comienza todo, puede ser el niño excluido en la escuela o la familia, el niño mal tratado, el niño etiquetado, el niño sin amor, el niño desprotegido, el sobre-protegido, etc, etc, etc.
Como no hagamos todo lo posible por resolver estas sensaciones que nos siguen toda la vida, pero en situaciones muy diferentes, estaremos enganchados por siempre a esa emoción.
Quizás una buena opción sea quedarse solo, pensar en esa sensación que nos surge a veces sin saber por qué y que nos impide relacionarnos bien con alguien o continuar con nuestro proyecto, y sentir lo más profundamente que se pueda. Sentir hasta que todo nuestro cuerpo esté lleno de esa emoción, y ahí empezar a dejarse llevar por nuestros pensamientos, pero siempre relacionado con lo que sentimos, y ver hacia donde nos llevan. Puede que lleguemos a alguna conclusión o puede que tengamos que intentarlo otra vez, pero cada esfuerzo que hagamos por entender lo que sentimos nos acercará un poco más a nuestras emociones y estaremos más cerca de ser capaces de deshacernos de las que nos bloquean y convivir mejor con las que nos acompañan.