La inteligencia emocional: camino a un verdadero cambio social I

Somos seres emocionales, nos vemos tremendamente afectados por cualquier tipo de emoción que nos invada, entonces ¿Por qué no le damos la importancia que debería tener al hecho de conocerlas y poder convivir con ellas sanamente? La respuesta no tiene mucho misterio, nuestra historia hasta ahora ha hecho del hombre una herramienta para aumentar el poder de unos pocos, y la forma para conseguirlo es a través de la anulación de la conciencia emocional para transformarlos en títeres. Así conseguimos consumistas, depresivos, adictos, maltratados y maltratadores, violencia social, deserción escolar, etc, etc, etc.
Nuestras emociones no desaparecen, permanecen y se manifiestan SIEMPRE. Podemos hacer esfuerzos sobrehumanos para hacerlas desaparecer, para hundirlas en lo más profundo de nuestro ser, pero ellas no se irán jamás y se seguirán manifestando una y otra y otra y otra y otra vez hasta el final de los días, siempre buscando que les prestes la atención necesaria para poder cumplir con su ciclo vital.
Así es como sucede tan a menudo que una persona que siente rabia o angustia le pone a esa sensación distintos nombres, las carga de incoherencias en sus relatos; convive con la misma emoción durante horas, días, meses o años. Luego para esa persona la vida toma rumbos que jamás se imaginó, llega a la vejez sintiendo que no ha vivido su propia vida, viéndose incapaz de cumplir sus propios sueños, ni tan siquiera de luchar por conseguirlos. Y es cierto, la vida se le fue casi en su totalidad, pero aún está a tiempo de darle paz a su espíritu, a su alma, a su cuerpo, porque siempre hay tiempo para reconciliarse con las emociones.
Esta vida marcada por la acción de EVADIR esos sentimientos, inevitablemente lleva a tomar malas decisiones, a ver las realidades alteradas en nuestras relaciones familiares, sexuales, laborales y sociales en general y a provocar constantes autoboicots en los planes propuestos que se acrecientan cada vez más y parece imposible de superar porque esa SENSACIÓN está SIEMPRE AHÍ.
Debemos mirar de frente a nuestras emociones y hacerlas parte de nuestro consciente, entenderlas, buscar a ver qué es lo que nos provoca, a dónde nos hace viajar con el pensamiento, qué recuerdos nos trae, que sensación nos deja. Debemos quererlas y verlas bellas, hasta incluso las que nos causen un dolor intenso, tan fuerte que no nos deja respirar, pero debe salir hasta la última gota ahí, en ese instante en el que estamos mirándola sin desviar la atención. Recién ahí comenzaremos a sentirnos bien con nosotros mismos.

Y yo digo...

Sinceramente como me aburre leer escritores que no paran de revolotear sobre su ego fantasioso, productivo a veces, no voy a negarlo, pero hablando de sí mismos como reporteros de su propia muerte.
Me gusta la creatividad sincera, el estímulo de sentir que lo que ese artista está entregando viene directo de su alma y llega directo a la tuya. Compartir ese placer de una forma elegante, adecuada y tranquila ¡Cómo me gusta esa creatividad!

Tarot de la vida

La dulce justicia llegó por la mañana y ofreció su infinito en forma de perfección. La conección con la energía fue grande y el resultado tangente de su firmeza logró conmoverme.
La unión entre el espíritu y la matería se hizo cada vez más presente en el octavo sueño.
Por la tarde la misma energia surgió al momento de jugar y llegó la Luna reafirmando el octogonal sueño, uniendo la inspiración de sus emociones a mi cuerpo y alma.
Ya no hay nada que agregar.

Energía

Un sentimiento de infinito agradecimiento invadió todo mi cuerpo y mi alma, ahí estaban las estrellas, esa energía cósmica de la que estamos hechos todos, me hizo sentir viva y feliz.
Todos somos parte de esa misma energía, es un todo en el que nos movemos, crecemos y sentimos, pero no tenemos conciencia de ello. Al menos no todos.
Por alguna razón estaba ahí sentada en mi terraza mirando el cielo y la sentí. Lloré de alegría y agradecí por lo que sentía.

Compañera

A mi lado, tranquila, paso a paso, va la muerte acompañándome. Está ahí desde siempre, pero yo recién ahora la siento, casi diría que la veo.
No me da temor, no me provoca angustia, solo hace que me sienta más viva.