Una mañana de ayer y de hoy


El encantado baile
de esta mañana
me trajo tu fragancia
y tu suave envoltura
para que siga bailando
hasta que vuelvas
y me cantes tus sueños.

Cuando duele el alma


Cuando duele el alma
Que triste es

Cuando el cansancio devora
Y corroe las esperanzas
Que triste es

Cuando cada palabra
Guarda una condena
Que triste es

Cuando ya no hay nada
Mas que sal y dolor
Que triste es

Cuando todo pesa
Incluso nuestra vida
Que triste es

Cuando tu mirada
tan solo me aniquila
Que triste es

Cuando ya no soy nada
Que triste es

Vivir poesía


No, ya no, ya no siento la poesía, no la veo, o si, quizás si. Creo poder verla en algunos momentos, así cuando cierro los ojos como ahora y puedo distinguir el suave reflejo de alguna emoción que no sabría describir muy bien, pero claro, quizás ahí es donde esté la poesía, en sentirla.
Podría decir que en estos momentos hay algo de melancolía otoñal, pensativa, abstraída. Tal vez veo un poco de ilusión, de vida agradecida infinitamente por un alma iluminada por la felicidad.
Sí, si, me quedo tranquila, todavía vivo poesía.

Reflexión de martes


La emoción de la creatividad da vida, da esperanza, da lucidez.
Crear me sostiene.

Dulce fantasía


Nada pudo cambiar su pensamiento aquella mañana, solo tenía la imagen del agua contra las rocas, una y otra vez, rompiéndose al llegar para luego irse otra vez entera, la espuma naciendo y muriendo con cada ola, las rocas mojadas dejando verse cada tanto, tan llenas de musgo. Solo pensaba en el agua, las rocas, el agua, las rocas, y el placer subía cada vez más por su cuerpo, las rocas mojadas, húmedas, el agua rompiéndose para retirarse y volver nuevamente, las rocas, el musgo, el agua, las olas. La humedad llegó a su cuerpo por primera vez en su vida, luego miró a su lado al hombre que dormía plácidamente y pensó que ya era libre.

Un sin sentido de felicidad


Fui a buscar las galletitas de canela que acababa de hacer, las saqué y sentí su delicioso perfume. Preparé el mate a ver si con su amarga personalidad sobre la dulce galleta me provocaba ese festín de sabores y sensaciones que ya otras veces había experimentado. El regocijo fue tan grande y el momento tan simple que todo tomó una gran magnitud en pocos segundos.
Recordé inmediatamente que cuando era pequeña jugaba con unas galletitas de agua que mojaba en el té y me las iba comiendo en medio de un riesgo constante de que se desprendiera algún trozo ya blando por el líquido pardo y humeante. Conseguir esa consistencia justa era el objetivo a alcanzar para otra vez arremeter con lo mismo. No era todos los días, la cosa de tomar del té era de mi vecina, lo que incrementaba aún más mi placer.
Por alguna razón estos recuerdos me vienen a mi mente cuando siento esta especie de satisfacción tan plena, donde ya no podría pedir más. En el fondo supongo que se tratará de eso: un plato de comida cuando el estómago está vacío adquiere la dimensión de máxima plenitud, no hay nada más allá de eso en ese momento. ¿Puede acaso una sensación ser más concreta?
Una vez de vuelta a mi presente, luego de este viaje en el tiempo, y a medida que las galletitas se enfriaban y el mate tomaba su puntito ideal, caía en la cuenta de que tamaña generalización no podía ser concebida de esa manera, así tan rápidamente ¿hay acaso diferentes niveles de plenitud en cada uno de nosotros? ¿No es el placer más básico, como por ejemplo el que se siente al comer una dulce fruta fresca chorreándonos con su jugo, la simple sensación de vivir? ¿O es acaso esta simple sensación de vivir la pura felicidad?
No había duda de que estaba metida en un debate interno y que iba a necesitar otro termo de agua para llegar a buen puerto. 
Aunque en definitiva se trata de sentir la felicidad antes que razonarla, por lo que nada de esto tiene sentido.

Filtro de palabras

Tanto ir y venir de palabras que no se cual usar, todas están ahí dispuestas a que las escriba pero no entienden que solo se trata de sentir, de emociones que aparecen, de un fluir de sentimientos que si no están no puedo darles vida.

Otra vez se salieron con la suya.

Extraña sociedad

Son tristes los hospitales, y ahora más que nunca no entiendo como esos médicos que dedican su vida entera a mejorar la de los demás no estén ganando mucho dinero y sí lo estén haciendo los banqueros y los políticos que nos roban. Médicos, maestros, científicos, bomberos y muchos más que hacen tanto por la humanidad tendrían que estar bajo el máximo cuidado ¿Qué extraña clase de sociedad es esta en la que vivimos? ¿A quien cuidamos y premiamos?

Reflexión de domingo

El final de una existencia marca un comienzo para la que continúa

Comencemos

¿Será cuestión de comenzar a imaginar un mundo mejor? Esta idea me da vueltas por la cabeza y cada vez siento más la seguridad de que es éste el primer paso para conseguirlo. Si no somos capaces de imaginarlo ¿Cómo sabremos qué camino tomar para alcanzarlo? Eso sí debemos pensarlo todo, debemos tratar de visualizar cada detalle y tal vez este ejercicio de pensamiento nos lleve, poco a poco, a encontrar formas de concretar este cambio.
Imaginemos qué es lo que queremos para mejorar lo que hoy no funciona y encontraremos el camino para hacerlo.
Yo acabo de empezar.