Cuando sueño con una sociedad avanzada, una HUMANIDAD desarrollada, inevitablemente pienso en la educación emocional como base de toda la enseñanza.
Cada uno de los obstáculos emocionales a los que nos enfrentamos de pequeños formarán las futuras piedras que una y otra vez nos desviarán del verdadero camino de nuestro ser, ese ser que nos pertenece solo a nosotros y no a la sociedad ni a la familia en la que nacimos, ese camino que nos hará sentir plenos, únicos y vivos.
Si logramos encauzar la educación para formar personas con capacidad resolutiva, con creatividad, con diversidad y, sobre todo, con capacidad para convivir sanamente con sus emociones, podríamos estar ayudando a la formación de ciudadanos más sanos, capaces de hacerse cargo de lo que son y lo que sienten.
Sí, es verdad, estamos muy lejos de que algo así suceda, pero estamos.