Nada pudo cambiar su pensamiento aquella mañana, solo tenía
la imagen del agua contra las rocas, una y otra vez, rompiéndose al llegar para
luego irse otra vez entera, la espuma naciendo y muriendo con cada ola, las
rocas mojadas dejando verse cada tanto, tan llenas de musgo. Solo pensaba en el
agua, las rocas, el agua, las rocas, y el placer subía cada vez más por su
cuerpo, las rocas mojadas, húmedas, el agua rompiéndose para retirarse y volver
nuevamente, las rocas, el musgo, el agua, las olas. La humedad llegó a su
cuerpo por primera vez en su vida, luego miró a su lado al hombre que dormía
plácidamente y pensó que ya era libre.